sábado, 17 de agosto de 2013

Literatura de la ovalada

Carta a una amiga...

Hace tiempo quería contarte muchas cosas pero... no sé, tal vez por temor a que no me entiendas o por no saber de qué manera expresarme... pasó el tiempo y siempre postergué mis deseos.

Es difícil explicar qué se siente cuando se entrecruzan el cariño y la amistad que son dos cosas que me suceden con vos.

A partir del momento en que nos presentaron me infundiste un respeto que hoy se afirma y se acrecienta, tal como fue ese primer día. Creo que tuvieron que ver todas las cosas que de vos me contaron aquellas personas que te conocían.

Mirá... es como si necesitara verte cada fin de semana. ¿Sabés que pasa?... me cuesta entender que sólo puedo contar con vos en momentos tan especiales.

Cada mes de marzo que vuelvo a encontrarte, te observo más renovada y con la alegría reflejada en todos los que realizamos esto con gusto, así como muchas veces que con los chicos hacemos algo que tiene que ver con el rugby, tu presencia se desnuda inmaculada para aquellos que nos consideramos tus amigos.

Bien... no quiero robarte más tiempo, brindo por nuestra amistad y para que esto que siento, se multiplique en todos los chicos que juegan en el Club y tienen el orgullo de llevarte a vos: Mi Camiseta

Por jugadores del Club Manuel Belgrano

El Tercer Tiempo

por el Dr. Carlos Gregotti

Como símbolo de camaradería, nuestro rugby ha institucionalizado el encuentro posterior al partido entre aquellos que, momentos antes, fueron los únicos protagonistas de la derrota, el empate o la victoria.

Alrededor de una mesa, dispuestos a olvidar todo aquello que hubiera podido resultar negativo, ambos equipos, en comunión, agradecerán la posibilidad del juego que tuvieron la suerte de disfrutar.

Se ha vuelto del "campo de batalla", la rivalidad se entibia, los jugadores sienten que han vivido una experiencia intensa, para la que se prepararon con tesón y ahínco y ahora comienzan a olvidar.

Caras prudentemente victoriosas, expresiones inteligentes en los vencidos y, en todos, la entereza de haber vivido una confrontación. Remedo de tiempos ancestrales en la vocación del hombre para sobrevivir.

Sólo para hombres. En el campo caras serias, responsables y, después, la alegría. El juego es una fiesta.

Las bebidas calientes que nos serenan. Las tazas que acercamos. Que nos ofrecen. Los vítores. Las bromas. Respondidas. Sonrisas. Réplicas. Acercamientos. Integración. Exaltación. "Canto a la alegría". Llegan las bebidas y alimentos. Ya no hay distantes. Abrazos.

Los comentarios, las comparaciones inevitables con tiempos pretéritos. La presencia de los más antiguos. La exaltación de los virtuosos. Comprensión hacia quien no pudo actuar como de él se esperaba.

Si se quisiera, toda esta bendita utopía amateur se puede borrar. Déjese de hacer el "tercer tiempo", háblese de técnicas y tácticas, benditas sean para la evolución, y el juego desaparecerá.

Nota: Publicado en "Enseñando rugby a los chicos" de Enrique Cordero Viedma. (Argentina)

LAS TRES "P" DEL RUGBY

por Jorge Andrés Saavedra Ingunza *

POSICIÓN, POSESIÓN Y PASE

LA PRIMERA "P" ES POSICIÓN

La primera aproximación al buen entendimiento y práctica del rugby sin duda es saber dónde se está parado. Para familiarizarnos con la primer "P" es fundamental el manejo individual del balón; ¡conocerlo!. Esto nos permite una mayor maniobrabilidad en nuestro actuar; certeza en los pases (velocidad, dirección) evitando así las imprecisiones o los famosos muertos, conocer los rebotes, cuándo son desfavorables, que no descoloquen y, cuando son favorables, aprovecharlos al máximo. Otro factor clave es conocer cabalmente el puesto que se ocupa, cuál es su función, qué características físicas se deben desarrollar y cuál es la responsabilidad que debo tomar.

RECUERDA: Es conveniente practicar en todo momento los movimientos y las características asociadas a tu puesto. Esto desarrolla confianza y proporciona certeza en el juego. Estos aspectos individuales específicos del número que lleva cada jugador en su espalda son importantes e indispensables en la conquista y en la conservación del balón y deben complementarse en el juego colectivo, adaptándose a los roles que exige el movimiento general del juego.

No menos certero en la búsqueda de nuestro objetivo, es condimentar nuestras acciones con una cuota de seriedad, la cual da paso a un estado de concentración que nos proporciona rapidez en la comprensión del juego y en la toma de dimensiones (visión de cancha), permitiendo saber con certeza dónde se encuentra y cuál es el curso que tomará el balón en los próximos segundos, alertándonos para una reubicación en defensa o evidenciándonos la oportunidad potencialmente preferente para generar un juego ofensivo.

RECUERDA: Una buena ubicación en la cancha disminuye el riesgo de un contraataque numéricamente mayor.

Conocer el puesto, la acción colectiva que requiere el equipo y participar en ello va asociado a un estado físico de reacción y potencia efectiva el cual sumirá al jugador a una dimensión polivalente. ¡Esencial en el rugby moderno!

RECUERDA: El rugby total es aquel que es jugado en todos los sectores del campo, en una lucha colectiva y de hombre a hombre, unos utilizando la pelota y otros trabajando para recuperarla.

LA SEGUNDA "P" ES POSESIÓN

Es necesario tener la pelota para marcar tries. Ganarla en los scrums, rucks, line-outs, mauls, obtenerla de los malos kicks y por supuesto del mal juego (errores) del equipo oponente. Cuando la posesión ha sido ganada, mantenerla es fundamental. ¡SIEMPRE!

Algunos de los aspectos que debemos dominar para lograr esta "P" son: una correcta posición nos habilita para una buena posesión del balón, un buen pase para la posesión, una buena patada para la posesión, realizar un buen tackle para la posesión, un dribbling para la posesión, detener un dribbling, también nos permite posesión, etc. Creo importantísimo que tanto forwards como tres cuartos practiquen estos puntos tanto en forma personal como grupal.

Denegándole la pelota a la oposición, nuestro equipo puede tomar la iniciativa. Los oponentes no pueden obtener puntos sin la pelota. Pero para retener la posesión se necesitan destrezas que deben ser practicadas continuamente.

A). Los jugadores deben ser capaces de dar un pase correctamente en todo momento: no deben darse malos pases, tampoco pases precipitados ni menos, dar pases aventurados como por ejemplo por encima de la cabeza o sin mirar, particularmente entre los forwards que son los principales transgresores.

Si hay una probabilidad que la pelota vaya descarriada o que el jugador en posesión descubre que sólo puede pasarla a un apoyo en peor posición que el mismo, es preferible recibir un tackle y formar un ruck. La secuencia entonces es que los forwards formen a su alrededor rápidamente, taconeen o la levanten y luego la pasen atrás a los jugadores que se han movido para reubicarse o que se encuentran en una mejor posición.

RECUERDA: Nunca realices un pase a un jugador que se encuentre en una posición más desfavorable que la tuya.

B). Como jugadores, debemos aprender a patear con seguridad, con cualquier pie. 

1º.- Debemos patear para la posesión: hacia un hueco, detrás de una línea de backs que se haya formado poco profunda, un kick cruzado hacia el centro de modo que la posesión pueda volverse a ganar y donde tengamos la seguridad de que se reanudará la continuidad del juego.

2º.- El jugador patea para seguridad hacia la línea de touch o para ganar terreno. La pelota debe ir afuera de modo que se conserven las energías del equipo. A todos se les da tiempo para ponerse en posición y una igual oportunidad de ganar la pelota nuevamente. 

RECUERDA: Un mal kick regala la posesión y desgasta a nuestros jugadores, especialmente a los forwards.

C). Cuando un equipo tiene la posesión y está atacando, la habilidad de pasar o amagar con la pelota correctamente, son los dos principales fundamentos para retener la posesión. 

Si mostramos una falta de práctica concentrada en estas artes, permitiremos que el juego se deteriore, con los resultados que conocemos.

RECUERDA: Es esencial que se practique el passing y el dribbling en forma individual y en equipo. El handling es un arma poderosísima para la integración del equipo y dominio del juego.

LA TERCERA "P" ES PASE

El rugby es un juego que debe ser jugado a máxima velocidad en todo momento.

La velocidad con que se mueva el balón depende del jugador individual y está en sus manos dictar el "tiempo" en que se moverá el juego.

Un jugador puede incrementar su velocidad si se entrena para volverse más rápido, en el arranque y cuando está en movimiento. Los backs en particular, deben practicar cada vez que la oportunidad se presente.

Una buena condición física es otro parámetro fundamental para un correcto desenvolvimiento en el juego, tanto individual como colectivo. Esto nos permite un mejor discernimiento, una mejor decisión y realizar de mejor forma un pase.

RECUERDA: Siempre tratemos de entrenar como si estuviéramos en un partido real.

Lo correspondiente a cada jugador es ponerse en condición física en su propio tiempo, de manera que nuestro coach en cada entrenamiento pueda seguir con su programa y no gastar tiempo en conseguir que los jugadores estemos en una buena condición.

RECUERDA: Si logramos estar 100% entrenados, seremos capaces de picar en todo momento mientras jugamos y encontraremos mucho mas fácil dar y recibir pases.

Los pases deben ser dados mientras los jugadores se están moviendo a máxima velocidad.

Los fundamentos del buen trabajo de equipo son estar en posición, ganar posesión y a través del trainning incrementar la velocidad individual. Con estos fundamentos bajo control, sumado a esa gran amistad que nos une, podremos realizar un juego de ataque con continuidad, potencia y de buena calidad.

* de Prince of Wales Country Club, Santiago de Chile

viernes, 17 de agosto de 2012

VIAJE AL CORAZÓN DEL RUGBY

Evidentemente el texto en algunos momentos exagera, si bien estamos hablando para que quede claro de una traducción de un artículo de la revista inglesa: "Rugby Action". Lo que intenta expresar este texto, y es importante no leerlo al pie de la letra, es que el RUGBY es algo más que un deporte por todas las connotaciones que rodean al mismo. Además la sociedad inglesa en este sentido es bastante exagerada con sus costumbres y culturas. (aunque lo de la extrema unción de los irlandeses es cierto).


Traducción libre del Ciencias Rugby Club Universidad de Valencia, España


Muerdan el terreno o se catapulten hacia las estrellas, se aferren a las piernas del rival o realicen acrobacias audaces, los jugadores de rugby convierten cada partido en una fiesta. Y esta fiesta, este placer, estas sensaciones implican una cierta visión del hombre.

El rugby es una fiesta y una religión. Los apasionados del rugby hablan de este deporte en idénticos términos: "Es un juego increíble, pero al mismo tiempo una ocasión para reencontrarse".

Junto al pub, el rugby -dos fenómenos estrechamente unidos entre sí- constituye uno de los cimientos más sólidos de la sociedad británica.

"Ser o no ser rugbier, ésta es la cuestión", asegura un minero jubilado y pilar del equipo de British Coal. Cuestión que es una afirmación rotunda, porque -sigue diciendo- "se puede nacer rugbier como se puede nacer inglés, francés o español". El rugbier no se circunscribe por eso a una actividad deportiva, apasionante aunque limitada; es un destino, determina toda la existencia.

"Este don -subraya el antiguo minero- se hereda o bien se adquiere en virtud de un privilegio inexplicable. Como la gracia, este don lo tienen sólo algunos elegidos. El mundo se divide en dos: los que son rugbiers y los que no lo son".

Esta especie de documento de identidad, condiciona toda la vida. En el pub, en el instituto, en el trabajo se habla de rugby como de un amigo entrañable. Ser rugbier es también cultivar religiosamente esta herencia. Centenares de ancianos, en todo el territorio británico retirados desde hace muchos años de las competiciones, renuevan su licencia, porque no conciben un lugar para hacer ejercicios físicos distinto del campo de rugby. Los irlandeses aseguran que sólo aceptarán la unción de los enfermos si el cura lleva la forma sagrada en una mano y en la otra un balón oval de rugby.

"La fiesta -ha dicho Pierre Sansot, profesor francés de Antropología en Montpellier- es el encuentro de un grupo en torno a una acción fundamental, que roza los confines de lo sagrado, el trasfondo de la condición humana, en donde no tiene cabida la tristeza, sino al contrario el éxtasis, la exaltación, el trance, la inversión de valores, la huida de la vida cotidiana. Para conseguir esta intensidad emocional, se pasa generalmente por un ritual, por una liturgia precisa que no aliena al individuo, porque se adhiere desde el fondo de su corazón. El rugby en estos últimos encuentros es el paradigma de esta definición de fiesta".

Para un sargento de la policía, jugador de rugby, el "rugby es la vida elevada a quince". O lo que es lo mismo, una existencia que late quince veces, porque con el quince se designa al equipo que practica este deporte. Todos los amantes del rugby se apasionan con él precisamente porque es el deporte colectivo por excelencia.

Una prueba de ello es que cuando un jugador convierte un try no se exalta como un futbolista al marcar un gol: el jugador sonríe modestamente, antes de dirigirse al centro del campo y dar las gracias a sus compañeros, sin los cuales no hubiera podido apoyar la pelota en el ingoal. Sobre un césped de rugby no hay héroes; sólo dos equipos.

"Este deporte -confiesa un jugador del equipo del banco Barclays- exige una fe ciega en los compañeros. El jugador que se lanza con su cuerpo sobre el balón sabe que al segundo siguiente todo el equipo va a ayudarle. En caso contrario, se dejaría pisotear".

En los partidos de rugby se producen frecuentes incidentes. Nadie discute que el rugby es un arte de vivir, pero algunos, sin embargo, lo consideran un deporte violento. Es indudable que se trata de un deporte de combate más que de contacto. Cuando se tiene derecho a chocar, agarrar, derribar, se trata evidentemente de un combate, aunque tenga unas reglas que hay que respetar.

Todo lo que autoriza el rugby podría parecer, en otras circunstancias, el preludio de una pelea callejera. Sin embargo, sobre el terreno de juego adquiere otro significado: existe no como una agresión, sino como una manera de avanzar hacia el campo contrario. No hay que perder nunca de vista la dimensión lúdica del rugby. Precisamente por ello “no es un deporte para cualquiera”, asegura el comandante mayor, jugador del Welsh Guards.

La "gran familia del rugby" constituye una especie de casta reservada a hombres responsables de sus actos, capaces de distinguir el juego en lo que tiene de arbitrariedad y de realidad. No hay hordas de hinchas, ansiosos de venganza y violencia, porque los seguidores pertenecen a la "gran familia".

Por eso todos los jugadores se someten a un duro entrenamiento. Desde luego, para estar en perfecta forma física, pero sobre todo para aprender y perfeccionar este arte de vivir y de comportarse. Todos estudian o trabajan, y muchos de ellos en condiciones muy difíciles, pero sacrifican también su tiempo para los entrenamientos semanales con mucha seriedad, respeto y entusiasmo, porque saben que son jugadores de rugby, y poseen y asumen toda la herencia inherente al modelo de vida que han elegido.

La superación de los jugadores de rugby no tiene otra finalidad que lograr descubrir en sí misma los repliegues más recónditos. Los jugadores dan cauce simplemente a las nociones de valor y de alegría, de libertad, que se adecuan perfectamente a este deporte de combate y de grandes vuelos, amasado de quimera y tradición.

Antes de celebrarse cada Versity Match, ineludible encuentro anual que enfrenta a Oxford y a Cambridge, el entrenador dice a sus jugadores: "¡Muchachos, van a ir a donde no va nadie, a donde sólo van los elegidos que lo desean. Es el gran encuentro con nosotros mismos...La búsqueda suprema...!"



Revista Rugby Action, Inglaterra

ALGO SOBRE EL ESPIRITU DEL RUGBY


Si bien este artículo fue escrito en 1966, varios de los temas tratados aquí son de candente actualidad y vale la pena recorrerlos, sobre todo, a la hora de comparar el discurso de la "gente de rugby" de aquellos años '60 con el de los actuales aficionados a nuestro deporte.

Escrito por Roberto Ponssa

El rugby es un deporte formado en las mejores escuelas, colegios y universidades inglesas y como todo lo británico es tradicional, pues se trata de una actividad nacida en la práctica del juego y evolucionada por las costumbres. Las modificaciones han sido impuestas principalmente por la práctica, y acogidas luego por el legislador mediante las modificaciones de las reglas.

Tiene un carácter esencialmente formativo del hombre en su doble aspecto: físico y espiritual.

La difusión del rugby, que ha dejado ya hace tiempo de ser un deporte casi exclusivamente universitario para ganar una adhesión más amplia de deportistas y de público, impone la necesidad de recordar el espíritu que lo presidió:

Deporte de equipo por excelencia, necesita de la investigación táctica y ofrece un campo inmenso a la inteligencia. Es el único juego colectivo, donde el contacto y la lucha física con el contrario está no sólo permitido, sino recomendado. Un autor dice: "El rugby es una maravillosa escuela de la vida. Entre la virilidad y la violencia, entre la lealtad y la felonía, no hay más fronteras que la intención y que puede franquearse en una fracción de segundo. Aquí el hombre aislado no es nada; interesa la personalidad del equipo. El más grande campeón no podrá cambiar por sí solo el curso del destino. La audaz iniciativa individual es a menudo una falta". (Henri Garcia - Le Rugby - París, 1963).

El rugby es el más educativo de los juegos porque es un incomparable revelador de las fuerzas y debilidades morales. En modelo reducido, reproduce la posición del hombre en la sociedad; aquí se aprende a conocer el valor real del éxito de la comunidad -en este caso el team- nacido muchas veces en el lugar más oscuro y humilde de un scrum, como se puede apreciar que las causas del fracaso se ha debido a menudo a proezas individuales de brillantes jugadores.

El rugby es, y debe seguir siéndolo, un deporte de los selectos, de los mejores. Tanto en lo físico como en lo espiritual y moral. Henri Garcia lo compara a una bebida muy fina y muy fuerte que debe beberse lentamente y en compañía de amigos probados. Ofrecerlo en abundancia y a personas de mala índole, podría conducir a las más peligrosas locuras.

Es por eso que el mundo del rugby es una especie de fraternidad o logia, que une a jugadores actuantes y veteranos, árbitros, entrenadores, dirigentes y público.

El jugador debe perder como si le resultase agradable y ganar como si estuviese acostumbrado a ello (R.G. Carlstein - El juego del rugby - Bs.As., 1964).

El público debe saber que no tiene otro derecho que disfrutar de la oportunidad brindada por dos grupos de caballeros, que les permite ver como se divierten practicando el juego.

Este espíritu tiene que mantenerse aunque el deporte se difunda y sean cada vez más numerosas las multitudes que concurran a los partidos.

En Matemática el todo es igual a la suma de las partes, pero en una multitud ello no es cierto porque la calidad espiritual de la masa no es la misma que la suma de las cualidades individuales, y pareciera que allí predomina todo lo que de malo tiene el hombre. Pero no hay dudas de que el nivel espiritual del público puede elevarse mediante el conocimiento del espíritu que anima al mundo del rugby.

La falta de conocimientos del rugby, de su espíritu y de sus reglas, ha dado lugar a lamentables episodios como el que recordaremos a continuación:

El 1º de enero de 1913, en la iniciación del Torneo de las Cinco Naciones, le tocó jugar a Escocia con Francia en el Parc des Princes, cerca de París y una gran multitud de unos 25.000 espectadores concurrieron a presenciar el partido, esperando que repitiera el triunfo logrado en 1911 por el XV de Francia frente al de Escocia.

Los escoceses ganaron fácilmente por 21 á 3, pero el público decepcionado y desconocedor de las reglas del off-side y del tackle, creyó que el árbitro inglés que dirigía el partido Mr. M.V.W. Baxter, había "robado" la posible victoria francesa. Se produjo un terrible escándalo. El Sr. Baxter tuvo que abandonar el campo escondido en el automóvil del jugador internacional francés Pierre Failliot y los jugadores escoceses fueron apedreados y multitudes recorrían las calles cometiendo desmanes en la place de l'Etoile, les Champs-Elyseés y les Grands Boulevards haciendo necesaria la intervención de la policía. Este incidente demostró cuanta razón tenían los británicos al querer conservar el rugby dentro de sus tradiciones.

El hecho tuvo gran repercusión en las Islas Británicas y motivó la ruptura temporaria de la Unión de Escocia que dirigió una carta histórica al órgano directivo del rugby francés diciendo: "En nuestro entender, si un partido no puede ser jugado más que con la protección de la policía o de los militares, no vale la pena de ser jugado. Considerando este aspecto, mi comité estima que es absolutamente necesario enseñar a los espectadores que las tradiciones del rugby deben ser mantenidas no importa dónde éste se juegue y que una de esas tradiciones capitales es el respeto y la inviolabilidad del arbitraje".

En 1965, vimos por primera vez en nuestro medio, al público y la policía invadiendo la cancha de Maldonado (Gimnasia y Esgrima) y hoy ya se hace frecuente leer en las crónicas deportivas, noticias de juego desleal y aún de escenas de pugilato entre jugadores -que no están permitidas por las reglas ni por la tradición-, sin que se tomen las medidas punitorias adecuadas.

Para evitar desviaciones en la práctica del deporte, es indispensable el conocimiento de las reglas y su correcta aplicación. Ello permite gozar del desarrollo de un partido y apreciar cabalmente la inteligencia táctica de los actores.

Robert Poulain (Le Miroir du Rugby - Febrero 1966) dice que es notable contrastar cuántos jugadores hay, que ignorando las reglas se contentan con seguir a sus compañeros, haciendo lento el juego de equipo. La audacia y brillantez del jugador proviene tanto de su valor psíquico y técnico, de su inteligencia táctica, como de su seguridad de actuar sin cometer faltas contra el reglamento.

Para la difusión de la ley, son útiles folletos que contienen generalizaciones de las normas, y trabajos donde se explica un aspecto del juego, por ejemplo el "scrum", dando al lector una visión coordinada y sistemática de todas las reglas dispersas en el reglamento, que se refieren a este tema.

También es necesaria una interpretación clara y uniforme de las reglas al ser aplicadas por los árbitros.

La estructura lógica de las normas del juego, es idéntica a las reglas del Derecho. Por ejemplo, en ese aspecto, un artículo del Código Penal es similar a la Regla 18 del "off-side" o a cualquier otra. Por ello considero que la técnica de interpretación de las leyes, es aplicable a idéntica tarea en materia de rugby, y que sería de gran utilidad para árbitros y entrenadores que no tengan formación jurídica, el estudio de un cursillo elemental de Teoría General del Derecho e interpretación de las leyes. Esto podría ser motivo de un apasionante estudio que algún día se escribirá.

A título de ejemplo considero que al aplicarse las reglas del juego deben tenerse presente algunos principios fundamentales como los siguientes: 

El juez o árbitro está obligado a aplicar la ley ("Dura lex sed lex"). Especialmente las normas que repriman el juego desleal, peligroso, inconducta, etc.

Debemos atenernos al significado literal del reglamento en función del fin perseguido por el legislador.

Está permitido todo lo que no está prohibido.

Sin embargo, uno de los más célebres árbitros de Gran Bretaña, el señor M. Gwynne Walter, dejó estupefacto a un periodista que lo interrogaba acerca de su manera de aplicar el reglamento, contestándole: "¿Las reglas del rugby?, ¡yo ni siquiera las he leído!" (L'Express, 13 de febrero de 1966).

Un juez de derecho al dictar sentencia construye un silogismo: premisa mayor, es la ley; por ejemplo se aplicará prisión o reclusión de 8 a 25 años al que matare a otro; premisa menor, es el caso juzgado: Juan ha matado a Pedro; conclusión: a Juan debe aplicársele de 8 a 25 años de prisión. A su vez, para llegar a esa conclusión es necesario un juicio o proceso donde hay acusación, defensa, pruebas y sentencia.

El árbitro de rugby tiene que realizar la misma operación lógica en una fracción de segundo y es simultáneamente acusador, defensor, produce y aprecia la prueba y dicta sentencia inapelable, en medio del fragor del partido. Indudablemente es una tarea angustiosa y dramática.

El señor Bernard Marie, tal vez el más conocido de los árbitros franceses, en un reportaje publicado en la revista "Miroir du Rugby" (febrero de 1966), nos ilustra acerca de su tremenda responsabilidad. Según él, las consideraciones de un buen árbitro, además de las de fortaleza de espíritu, imparcialidad y equidad, son: 


  • Perfecto conocimiento de las reglas
  • Conocimiento de los jugadores
  • Buena ubicación en la cancha, que se logra con la experiencia y el goce de un excelente estado físico.
  • Facultad de conceptualizar rápidamente la situación.

Todo lo dicho, evidentemente no se aplicó en un partido de esta temporada a cuya terminación oí decir a un distinguido referee "es mejor así, porque no me gusta expulsar jugadores"; en otro caso vi que se ordenaba repetir los "scrum" fijos hasta el cansancio porque quién dirigía el partido estimaba que la pelota debía salir de la segunda línea -ignoraba que está permitido todo lo que no está prohibido- y por último, pocas veces se ve que se aplique la regla referente al largo del lineout.

Nuestros árbitros tienen ganada merecida reputación de ser buenos. Su misión es la más difícil del rugby y trascendental para que perdure el espíritu del juego. El arbitraje es inviolable. Por eso jugadores y público deben abstenerse de críticas durante o inmediatamente después del partido y ellas, si caben, deberían ser impersonales y constructivas.

Un artículo de Roberto Ponssa, publicado en la revista Tercer Tiempo, Nº 21, de mayo de 1966. Buenos Aires, Argentina.