viernes, 17 de agosto de 2012

VIAJE AL CORAZÓN DEL RUGBY

Evidentemente el texto en algunos momentos exagera, si bien estamos hablando para que quede claro de una traducción de un artículo de la revista inglesa: "Rugby Action". Lo que intenta expresar este texto, y es importante no leerlo al pie de la letra, es que el RUGBY es algo más que un deporte por todas las connotaciones que rodean al mismo. Además la sociedad inglesa en este sentido es bastante exagerada con sus costumbres y culturas. (aunque lo de la extrema unción de los irlandeses es cierto).


Traducción libre del Ciencias Rugby Club Universidad de Valencia, España


Muerdan el terreno o se catapulten hacia las estrellas, se aferren a las piernas del rival o realicen acrobacias audaces, los jugadores de rugby convierten cada partido en una fiesta. Y esta fiesta, este placer, estas sensaciones implican una cierta visión del hombre.

El rugby es una fiesta y una religión. Los apasionados del rugby hablan de este deporte en idénticos términos: "Es un juego increíble, pero al mismo tiempo una ocasión para reencontrarse".

Junto al pub, el rugby -dos fenómenos estrechamente unidos entre sí- constituye uno de los cimientos más sólidos de la sociedad británica.

"Ser o no ser rugbier, ésta es la cuestión", asegura un minero jubilado y pilar del equipo de British Coal. Cuestión que es una afirmación rotunda, porque -sigue diciendo- "se puede nacer rugbier como se puede nacer inglés, francés o español". El rugbier no se circunscribe por eso a una actividad deportiva, apasionante aunque limitada; es un destino, determina toda la existencia.

"Este don -subraya el antiguo minero- se hereda o bien se adquiere en virtud de un privilegio inexplicable. Como la gracia, este don lo tienen sólo algunos elegidos. El mundo se divide en dos: los que son rugbiers y los que no lo son".

Esta especie de documento de identidad, condiciona toda la vida. En el pub, en el instituto, en el trabajo se habla de rugby como de un amigo entrañable. Ser rugbier es también cultivar religiosamente esta herencia. Centenares de ancianos, en todo el territorio británico retirados desde hace muchos años de las competiciones, renuevan su licencia, porque no conciben un lugar para hacer ejercicios físicos distinto del campo de rugby. Los irlandeses aseguran que sólo aceptarán la unción de los enfermos si el cura lleva la forma sagrada en una mano y en la otra un balón oval de rugby.

"La fiesta -ha dicho Pierre Sansot, profesor francés de Antropología en Montpellier- es el encuentro de un grupo en torno a una acción fundamental, que roza los confines de lo sagrado, el trasfondo de la condición humana, en donde no tiene cabida la tristeza, sino al contrario el éxtasis, la exaltación, el trance, la inversión de valores, la huida de la vida cotidiana. Para conseguir esta intensidad emocional, se pasa generalmente por un ritual, por una liturgia precisa que no aliena al individuo, porque se adhiere desde el fondo de su corazón. El rugby en estos últimos encuentros es el paradigma de esta definición de fiesta".

Para un sargento de la policía, jugador de rugby, el "rugby es la vida elevada a quince". O lo que es lo mismo, una existencia que late quince veces, porque con el quince se designa al equipo que practica este deporte. Todos los amantes del rugby se apasionan con él precisamente porque es el deporte colectivo por excelencia.

Una prueba de ello es que cuando un jugador convierte un try no se exalta como un futbolista al marcar un gol: el jugador sonríe modestamente, antes de dirigirse al centro del campo y dar las gracias a sus compañeros, sin los cuales no hubiera podido apoyar la pelota en el ingoal. Sobre un césped de rugby no hay héroes; sólo dos equipos.

"Este deporte -confiesa un jugador del equipo del banco Barclays- exige una fe ciega en los compañeros. El jugador que se lanza con su cuerpo sobre el balón sabe que al segundo siguiente todo el equipo va a ayudarle. En caso contrario, se dejaría pisotear".

En los partidos de rugby se producen frecuentes incidentes. Nadie discute que el rugby es un arte de vivir, pero algunos, sin embargo, lo consideran un deporte violento. Es indudable que se trata de un deporte de combate más que de contacto. Cuando se tiene derecho a chocar, agarrar, derribar, se trata evidentemente de un combate, aunque tenga unas reglas que hay que respetar.

Todo lo que autoriza el rugby podría parecer, en otras circunstancias, el preludio de una pelea callejera. Sin embargo, sobre el terreno de juego adquiere otro significado: existe no como una agresión, sino como una manera de avanzar hacia el campo contrario. No hay que perder nunca de vista la dimensión lúdica del rugby. Precisamente por ello “no es un deporte para cualquiera”, asegura el comandante mayor, jugador del Welsh Guards.

La "gran familia del rugby" constituye una especie de casta reservada a hombres responsables de sus actos, capaces de distinguir el juego en lo que tiene de arbitrariedad y de realidad. No hay hordas de hinchas, ansiosos de venganza y violencia, porque los seguidores pertenecen a la "gran familia".

Por eso todos los jugadores se someten a un duro entrenamiento. Desde luego, para estar en perfecta forma física, pero sobre todo para aprender y perfeccionar este arte de vivir y de comportarse. Todos estudian o trabajan, y muchos de ellos en condiciones muy difíciles, pero sacrifican también su tiempo para los entrenamientos semanales con mucha seriedad, respeto y entusiasmo, porque saben que son jugadores de rugby, y poseen y asumen toda la herencia inherente al modelo de vida que han elegido.

La superación de los jugadores de rugby no tiene otra finalidad que lograr descubrir en sí misma los repliegues más recónditos. Los jugadores dan cauce simplemente a las nociones de valor y de alegría, de libertad, que se adecuan perfectamente a este deporte de combate y de grandes vuelos, amasado de quimera y tradición.

Antes de celebrarse cada Versity Match, ineludible encuentro anual que enfrenta a Oxford y a Cambridge, el entrenador dice a sus jugadores: "¡Muchachos, van a ir a donde no va nadie, a donde sólo van los elegidos que lo desean. Es el gran encuentro con nosotros mismos...La búsqueda suprema...!"



Revista Rugby Action, Inglaterra

ALGO SOBRE EL ESPIRITU DEL RUGBY


Si bien este artículo fue escrito en 1966, varios de los temas tratados aquí son de candente actualidad y vale la pena recorrerlos, sobre todo, a la hora de comparar el discurso de la "gente de rugby" de aquellos años '60 con el de los actuales aficionados a nuestro deporte.

Escrito por Roberto Ponssa

El rugby es un deporte formado en las mejores escuelas, colegios y universidades inglesas y como todo lo británico es tradicional, pues se trata de una actividad nacida en la práctica del juego y evolucionada por las costumbres. Las modificaciones han sido impuestas principalmente por la práctica, y acogidas luego por el legislador mediante las modificaciones de las reglas.

Tiene un carácter esencialmente formativo del hombre en su doble aspecto: físico y espiritual.

La difusión del rugby, que ha dejado ya hace tiempo de ser un deporte casi exclusivamente universitario para ganar una adhesión más amplia de deportistas y de público, impone la necesidad de recordar el espíritu que lo presidió:

Deporte de equipo por excelencia, necesita de la investigación táctica y ofrece un campo inmenso a la inteligencia. Es el único juego colectivo, donde el contacto y la lucha física con el contrario está no sólo permitido, sino recomendado. Un autor dice: "El rugby es una maravillosa escuela de la vida. Entre la virilidad y la violencia, entre la lealtad y la felonía, no hay más fronteras que la intención y que puede franquearse en una fracción de segundo. Aquí el hombre aislado no es nada; interesa la personalidad del equipo. El más grande campeón no podrá cambiar por sí solo el curso del destino. La audaz iniciativa individual es a menudo una falta". (Henri Garcia - Le Rugby - París, 1963).

El rugby es el más educativo de los juegos porque es un incomparable revelador de las fuerzas y debilidades morales. En modelo reducido, reproduce la posición del hombre en la sociedad; aquí se aprende a conocer el valor real del éxito de la comunidad -en este caso el team- nacido muchas veces en el lugar más oscuro y humilde de un scrum, como se puede apreciar que las causas del fracaso se ha debido a menudo a proezas individuales de brillantes jugadores.

El rugby es, y debe seguir siéndolo, un deporte de los selectos, de los mejores. Tanto en lo físico como en lo espiritual y moral. Henri Garcia lo compara a una bebida muy fina y muy fuerte que debe beberse lentamente y en compañía de amigos probados. Ofrecerlo en abundancia y a personas de mala índole, podría conducir a las más peligrosas locuras.

Es por eso que el mundo del rugby es una especie de fraternidad o logia, que une a jugadores actuantes y veteranos, árbitros, entrenadores, dirigentes y público.

El jugador debe perder como si le resultase agradable y ganar como si estuviese acostumbrado a ello (R.G. Carlstein - El juego del rugby - Bs.As., 1964).

El público debe saber que no tiene otro derecho que disfrutar de la oportunidad brindada por dos grupos de caballeros, que les permite ver como se divierten practicando el juego.

Este espíritu tiene que mantenerse aunque el deporte se difunda y sean cada vez más numerosas las multitudes que concurran a los partidos.

En Matemática el todo es igual a la suma de las partes, pero en una multitud ello no es cierto porque la calidad espiritual de la masa no es la misma que la suma de las cualidades individuales, y pareciera que allí predomina todo lo que de malo tiene el hombre. Pero no hay dudas de que el nivel espiritual del público puede elevarse mediante el conocimiento del espíritu que anima al mundo del rugby.

La falta de conocimientos del rugby, de su espíritu y de sus reglas, ha dado lugar a lamentables episodios como el que recordaremos a continuación:

El 1º de enero de 1913, en la iniciación del Torneo de las Cinco Naciones, le tocó jugar a Escocia con Francia en el Parc des Princes, cerca de París y una gran multitud de unos 25.000 espectadores concurrieron a presenciar el partido, esperando que repitiera el triunfo logrado en 1911 por el XV de Francia frente al de Escocia.

Los escoceses ganaron fácilmente por 21 á 3, pero el público decepcionado y desconocedor de las reglas del off-side y del tackle, creyó que el árbitro inglés que dirigía el partido Mr. M.V.W. Baxter, había "robado" la posible victoria francesa. Se produjo un terrible escándalo. El Sr. Baxter tuvo que abandonar el campo escondido en el automóvil del jugador internacional francés Pierre Failliot y los jugadores escoceses fueron apedreados y multitudes recorrían las calles cometiendo desmanes en la place de l'Etoile, les Champs-Elyseés y les Grands Boulevards haciendo necesaria la intervención de la policía. Este incidente demostró cuanta razón tenían los británicos al querer conservar el rugby dentro de sus tradiciones.

El hecho tuvo gran repercusión en las Islas Británicas y motivó la ruptura temporaria de la Unión de Escocia que dirigió una carta histórica al órgano directivo del rugby francés diciendo: "En nuestro entender, si un partido no puede ser jugado más que con la protección de la policía o de los militares, no vale la pena de ser jugado. Considerando este aspecto, mi comité estima que es absolutamente necesario enseñar a los espectadores que las tradiciones del rugby deben ser mantenidas no importa dónde éste se juegue y que una de esas tradiciones capitales es el respeto y la inviolabilidad del arbitraje".

En 1965, vimos por primera vez en nuestro medio, al público y la policía invadiendo la cancha de Maldonado (Gimnasia y Esgrima) y hoy ya se hace frecuente leer en las crónicas deportivas, noticias de juego desleal y aún de escenas de pugilato entre jugadores -que no están permitidas por las reglas ni por la tradición-, sin que se tomen las medidas punitorias adecuadas.

Para evitar desviaciones en la práctica del deporte, es indispensable el conocimiento de las reglas y su correcta aplicación. Ello permite gozar del desarrollo de un partido y apreciar cabalmente la inteligencia táctica de los actores.

Robert Poulain (Le Miroir du Rugby - Febrero 1966) dice que es notable contrastar cuántos jugadores hay, que ignorando las reglas se contentan con seguir a sus compañeros, haciendo lento el juego de equipo. La audacia y brillantez del jugador proviene tanto de su valor psíquico y técnico, de su inteligencia táctica, como de su seguridad de actuar sin cometer faltas contra el reglamento.

Para la difusión de la ley, son útiles folletos que contienen generalizaciones de las normas, y trabajos donde se explica un aspecto del juego, por ejemplo el "scrum", dando al lector una visión coordinada y sistemática de todas las reglas dispersas en el reglamento, que se refieren a este tema.

También es necesaria una interpretación clara y uniforme de las reglas al ser aplicadas por los árbitros.

La estructura lógica de las normas del juego, es idéntica a las reglas del Derecho. Por ejemplo, en ese aspecto, un artículo del Código Penal es similar a la Regla 18 del "off-side" o a cualquier otra. Por ello considero que la técnica de interpretación de las leyes, es aplicable a idéntica tarea en materia de rugby, y que sería de gran utilidad para árbitros y entrenadores que no tengan formación jurídica, el estudio de un cursillo elemental de Teoría General del Derecho e interpretación de las leyes. Esto podría ser motivo de un apasionante estudio que algún día se escribirá.

A título de ejemplo considero que al aplicarse las reglas del juego deben tenerse presente algunos principios fundamentales como los siguientes: 

El juez o árbitro está obligado a aplicar la ley ("Dura lex sed lex"). Especialmente las normas que repriman el juego desleal, peligroso, inconducta, etc.

Debemos atenernos al significado literal del reglamento en función del fin perseguido por el legislador.

Está permitido todo lo que no está prohibido.

Sin embargo, uno de los más célebres árbitros de Gran Bretaña, el señor M. Gwynne Walter, dejó estupefacto a un periodista que lo interrogaba acerca de su manera de aplicar el reglamento, contestándole: "¿Las reglas del rugby?, ¡yo ni siquiera las he leído!" (L'Express, 13 de febrero de 1966).

Un juez de derecho al dictar sentencia construye un silogismo: premisa mayor, es la ley; por ejemplo se aplicará prisión o reclusión de 8 a 25 años al que matare a otro; premisa menor, es el caso juzgado: Juan ha matado a Pedro; conclusión: a Juan debe aplicársele de 8 a 25 años de prisión. A su vez, para llegar a esa conclusión es necesario un juicio o proceso donde hay acusación, defensa, pruebas y sentencia.

El árbitro de rugby tiene que realizar la misma operación lógica en una fracción de segundo y es simultáneamente acusador, defensor, produce y aprecia la prueba y dicta sentencia inapelable, en medio del fragor del partido. Indudablemente es una tarea angustiosa y dramática.

El señor Bernard Marie, tal vez el más conocido de los árbitros franceses, en un reportaje publicado en la revista "Miroir du Rugby" (febrero de 1966), nos ilustra acerca de su tremenda responsabilidad. Según él, las consideraciones de un buen árbitro, además de las de fortaleza de espíritu, imparcialidad y equidad, son: 


  • Perfecto conocimiento de las reglas
  • Conocimiento de los jugadores
  • Buena ubicación en la cancha, que se logra con la experiencia y el goce de un excelente estado físico.
  • Facultad de conceptualizar rápidamente la situación.

Todo lo dicho, evidentemente no se aplicó en un partido de esta temporada a cuya terminación oí decir a un distinguido referee "es mejor así, porque no me gusta expulsar jugadores"; en otro caso vi que se ordenaba repetir los "scrum" fijos hasta el cansancio porque quién dirigía el partido estimaba que la pelota debía salir de la segunda línea -ignoraba que está permitido todo lo que no está prohibido- y por último, pocas veces se ve que se aplique la regla referente al largo del lineout.

Nuestros árbitros tienen ganada merecida reputación de ser buenos. Su misión es la más difícil del rugby y trascendental para que perdure el espíritu del juego. El arbitraje es inviolable. Por eso jugadores y público deben abstenerse de críticas durante o inmediatamente después del partido y ellas, si caben, deberían ser impersonales y constructivas.

Un artículo de Roberto Ponssa, publicado en la revista Tercer Tiempo, Nº 21, de mayo de 1966. Buenos Aires, Argentina.

domingo, 5 de agosto de 2012

AMATEUR O PROFESIONAL

Después de cada mundial, el ambiente del rugby agudiza su sensibilidad tratando de encontrar razones que puedan justificar por qué Los Pumas no lograron ganar en esos eventos más de un partido.

Se habla de mejores o peores jugadores, de quienes tendrían que estar y quienes tendrían que salir; inclusive se escuchan opiniones sobre en qué puesto podrían rendir más acertadamente algunos de ellos.

Se discute también sobre la capacidad de los entrenadores de turno, teniendo siempre alguna alternativa para mejorar.

Este año se ha sumado, con más fuerza que nunca y de la mano del periodismo una nueva posición que sostiene que en definitiva todos nuestros males pasan por la conducción amateur del rugby argentino y que de lejos presentarla como motivo de verdadero orgullo, nos quieren hacer creer que significa una contrariedad insalvable y madre de todas las derrotas.

Para lograr desentrañar tanto aporte a la confusión, es necesario mantener la serenidad y analizar desapasionadamente lo que sucedió, apoyándose en los hechos con seriedad y responsabilidad.

De esta manera podríamos decir, en principio, que los jugadores que fueron al mundial no fracasaron, lo que fracasó fue la estructura del rugby argentino por su falta de organización, lo que los arrastró a la derrota y la frustración.

El seleccionado nacional, a pesar de haber perdido los partido que jugó, mostró una calidad y capacidad de sus jugadores que debería llenarnos de orgullo en vez de caer en la depresión.

Ellos mostraron que era absolutamente posible ganar los tres partidos, por lo que deberíamos preguntarnos hasta dónde podrían haber llegado si todo no hubiese dependido exclusivamente de su esfuerzo personal.

Nuestro rugby está pasando por un gran momento en lo que a la excelencia de sus jugadores se refiere, que con un ejemplar espíritu amateur se debaten con pasión por sobrevivir en las peores condiciones, producto de la carencia de efectivas estructuras organizadas a nivel selección nacional, siendo este el botín de guerra a tomar y no la máxima expresión del rugby nacional, a honrar y desarrollar.

Esto muestra una realidad incontrovertible que debe ser aceptada, comprendida y debatida con criterio para que los fracasos de los tres mundiales al no lograr lo posible, no sigan dando pie a una serie de argumentos que poco tienen que ver con las verdaderas causas de las derrotas y que provocan sólo desconcierto.

Ahora nos quieren hacer creer imprudentemente que si se logra confundir nuestra condición amateur, todo se va a solucionar y nuestro país logrará pasar a los cuartos de final del próximo evento mundial.

Demasiado caro para el espíritu de nuestro rugby y excesivamente fácil para alcanzar una meta posible, hacia la cual jamás hemos recorrido el camino correcto y que muestra una condición con la realidad ya que previo a los tres mundiales el rugby argentino logró victorias sobre casi todos los seleccionados que, a la postre, resultaron finalistas en dichos eventos.

Una lección que no aprendemos en el rugby argentino, es la de rescatar las experiencias vividas para poder mejorar y crecer evitando cometer los mismos errores, pensando únicamente en el juego y en los jugadores, más allá de miserias y egoísmos.

Hace demasiados años que los únicos que brindan su mejor esfuerzo son los jugadores que disciplinados y tolerantes, tratan de disimular tanta improvisación en la organización que los convoca a la espera de que las estructuras funcionen sobre la base de los principios que caracterizan el juego y que ellos sí cumplen: respeto, esfuerzo, humildad, corrección y entrega.

Tal vez ha llegado el momento de dejar de mirar parca el lado equivocado y tratar de alimentar las verdaderas posibilidades de nuestro rugby, pensando y actuando en función de él dejando al margen supuestas conveniencias políticas, intereses personales o sectoriales, frustraciones individuales y cualquier otra posición que no se subordine al juego y a los jugadores.

Aquí están nuestros mejores jugadores, con sus virtudes que debemos resaltar y con sus defectos que debemos disimular, provistos del honor que significa ser un jugador amateur y ávidos de una organización que justifique el tiempo que le dedican a su preparación y que les permita jugar con cualquier equipo del mundo, de acuerdo con su real capacidad.

La opción que se nos plantea ahora “amateurismo o profesionalismo” habría que subordinarla a la realidad actual: improvisación u organización; de lo contrario parecería que salvo por el dinero, nadie tiene la culpa de nada.

La confusión actual a la que nos están arrastrando está sustentada por la acción negativa de unos pocos, que se traduce en una sistemática oposición al progreso de nuestro juego, refugiados solapadamente dentro del sistema y gozando de la impunidad que les otorga su habilidad para deslizar sus influencias.

Los jugadores del seleccionado nacional se merecen mayor respeto que el que les plantea la falsa disyuntiva de “dinero o derrota”, debiendo brindarles primero una estructura acorde con lo que ellos merecen por su capacidad y disposición, aceptando que así no es necesario ser rico para ser honrado, tampoco lo es para ser organizado.

Si logramos encauzar la polémica desatada dentro de los parámetros que corresponden, estaremos mejor preparados para hacer buen uso de los recursos que se pretenden y que con seguridad vendrán.

La inteligencia del momento será entonces, saberlos aprovechar correctamente, a favor del juego.

* Un artículo escrito después del Campeonato Mundial de 1995

SOBRE TECNICAS Y TACTICAS

Con el desarrollo del deporte en general y del rugby en particular requiere cada más dedicación y estudio. Tanto entrenadores como jugadores son cada vez más reflexivos en ello. Este interesante artículo del "Veco" nos ayudará a pensar algo más sobre este tema.

Escrito por Carlos "Veco" Villegas

Técnica en cualquier disciplina es una manera de hacer las cosas. Táctica, es un determinado camino a seguir en determinadas circunstancias.

La técnica está más asociada a una manera de jugar al Rugby. La táctica, está más asociada a herramientas o armas que uno usa en determinados momentos para ser exitoso. Las dos deben congeniar para tener un equipo balanceado. Buena técnica y buena táctica.

En resumen, en el rugby superior los encargados junto con el capitán del equipo tienen bien en claro a principios de temporada, las distintas técnicas individuales y de los dos subconjuntos básicos, forwards y backs, que deben primar para alcanzar una técnica de conjunto general, cualquiera sea ésta.

Tener bien claras dos, tres, cuatro tácticas para ser utilizadas en distintas circunstancias de un mismo partido, o de un mismo torneo. Y estas tácticas deben ser muy bien conocidas por los jugadores, pero básicamente por el capitán del equipo, como número uno, y por los medios en segundo término. Una definición bien amplia. Para el ataque por el fondo del line-out, para el ataque por la base del scrum, para el juego desplegado con los backs, para la utilización de la patada a cargar, las diagonales, para la situación del equipo dentro de sus veintidós metros, o de las contrarias.

Tácticas, caminos a seguir en determinadas circunstancias

Este segundo capítulo a este nivel, debe estar sumamente desarrollado, es el escalón final del juego y por eso las personas que integran el esquema adjunto, deben ser personas que intensifiquen esta parte del conocimiento. Con reuniones paralelas, sobre todo pensando, en la oficina, en el bar, en la casa.

Escrito por Carlos "Veco" Villegas

* Nota: el Ingeniero Carlos "Veco" Villegas (1945-1989), jugó en Liceo Militar y fue entrenador del plantel superior de esta institución y del San Isidro Club. También fue entrenador de Los Pumas entre 1974 y 1977. Los artículos presentados por DIAS DE RUGBY fueron escritos por él durante la década del '80.

RUGBY-FOOTBALL UNA ESCUELA DE VIDA

¿AMATEURISMO vs. PROFESIONALISMO?


"Hay que diferenciar bien entre principios y costumbres. Los principios son cosas que van más allá de las costumbres. Estas se van modificando con el tiempo, en cambio, los principios, son inalterables. Principio del rugby son el jugar limpio, el no pedir retribución por el esfuerzo, el ser y sentirse la quinceava parte del equipo, el ser un rugbier los doce meses del año, pues no me gustan los hombres que cuando juegan al rugby se portan bien y cuando juegan al fútbol en el verano, son unos bandidos. En cambio costumbre es que los jugadores contribuyan económicamente al Tercer Tiempo. Y es costumbre aunque para nosotros esté tan arraigado que lo sientan como un principio, como algo formativo del rugby".

Carlos "Veco" Villegas

En una época marcadamente materialista como la que vivimos, no es fácil enseñar y difundir un deporte como el nuestro dentro del contexto de su espíritu y de sus tradiciones. Todo parece indicar dentro del ambiente deportivo determinado como el que nos rodea, que lo único realmente importante es ganar y para ello cualquier precio suele ser pagado.


Además el "periodismo especializado" cada vez más, exalta al triunfador al mismo tiempo que disminuye sistemáticamente lo realizado por el perdedor.

Nadie que haya entendido correctamente el rugby, y el deporte en general, lo enseña o lo practica "para perder". Por el contrario si el juego consiste en tratar de marcar más tantos que el adversario, es muy sano luchar por hacerlo y esto es precisamente "tratar de ganar". Pero de ninguna manera significa que debe recorrerse cualquier camino para arribar a la victoria o que en el caso de no alcanzarla, lo realizado no sirve para nada y uno debe quedar sumido en una gran depresión por la derrota sufrida.

Hace mucho aprendí de ese verdadero maestro del rugby argentino que se llamó Don Francisco Ocampo, que "Un deporte vale como consecuencia de la educación que deja en quien la practica".

Esta educación está más allá de un triunfo, o muchos de ellos, o de una derrota, o muchas de ellas. Esta educación se refiere a la capacidad del hombre de darlo todo de sí sin pedir nada a cambio. Es la entrega total a una causa (en rugby llamada equipo, colores, amistad) como consecuencia de un compromiso adquirido previamente. Este compromiso es absolutamente moral y tiene como tal muchísima más fuerza que el más severo de los contratos firmados por los llamados "deportistas profesionales".

El Rugby Football ha logrado permanecer luego de más de un siglo de vida totalmente amateur.

Han ido variando sus reglas, sus técnicas y métodos de entrenamiento. Los propios jugadores han decidido reclamar más exigencias en las prácticas para luego poder disfrutar más aún en los partidos.

Pero el espíritu y tradiciones del juego están allí erguidos y siguen rigiendo la viada de este juego único en el mundo.

Sin embargo, y como señalaba al comienzo de este escrito, la enseñanza del rugby dentro de su contexto es cada día más difícil debido a la influencia, cada vez mayor, del medio ambiente profesionalizado que lo rodea y que trata de meterse donde nadie lo ha llamado. Pero el rugby tiene enormes reservas y, al menos hasta el momento, viene ganando la batalla implícita que existe por tratar de mantener su espíritu tradicional por encima de mezquinos intereses materialistas.

¿Cómo ha logrado el Rugby Football mantenerse en pie cuando los otros deportes han sucumbido ante el avance del profesionalismo?

Creo que la razón está en la correcta enseñanza que se hizo de este noble juego desde hace muchos, pero muchísimos años atrás que lo convirtieron en una verdadera Escuela de la Vida.

Por suerte y alegría de todos los que tenemos el privilegio de pertenecer a la familia del Rugby Football, el chico que se inicia en nuestro juego es enseñado, junto a pasar la pelota, correr con ella y tacklear, a que el juego del rugby es un complemento de nuestras vidas que busca hacer hombres mejores. Y para estos se enseña a soportar los fuertes golpes del juego sin protestar. A dar todo de sí por su "team", a defender a su compañero ante la presión de la oposición y a que jugamos gracias al adversario por lo que debemos estarle agradecidos por la oportunidad que nos brinda.

Toda la dureza tensión propias de las grandes batallas de rugby se ven luego continuadas en la amable reunión de los dos equipos luego del partido (felizmente denominada en nuestro país "Tercer Tiempo") donde alrededor de un vaso de cerveza los jugadores se conocen más entre sí y establecen lazos de amistad que en no pocos casos, se vuelven imperecederos.

Esta es una de las características principales de nuestro juego y quien no practique la idea de que el rugby consta de "tres" tiempos no ha entendido este gran juego en toda su dimensión.

Las características propias del juego en sí hacen del rugby un juego ideal para mejorar al hombre como tal. En él se da una mezcla perfecta de fuerza, habilidad, coraje, inteligencia, capacidad individual y sentido de equipo. Todo se conjuga para dar lugar al juego más formidable de todos.

Pero todo esto adquiere su máxima expresión sólo si se lo lleva a la práctica por amor al juego sin pedir a cambio otra cosa que no sea el placer de entrar a una cancha de rugby.

Así es el Rugby Football. Así debemos mantenerlo para bien de los que nos siguen y no debemos engañarnos: Querer ganar es sano siempre y cuando se usen los caminos correctos para lograrlo. Querer mejorar la técnica del juego es sano dado que esto lo hace más divertido para el que lo juega. Querer mejorar el nivel de un club, de una Unión o de un jugador es sano pues enseña a luchar organizadamente para lograrlo.

Pero todo esto debe ser logrado como consecuencia de la práctica correcta del juego y así estamos haciendo Escuela de Vida por medio del Rugby Football.

El juego en la Argentina tiene un futuro brillante. Si bien es mucho lo que nos falta en los aspectos organizativos, administrativos y de infraestructura de apoyo, se tiene lo mejor y que es una base muy sólida para su correcto desarrollo: un fuerte principio amateur que permitirá que el rugby siga siendo un deporte y no un espectáculo profesional como otros tantos.

Todos los que tenemos el orgullo de pertenecer al rugby debemos tomar el firme compromiso de mantener estas tradiciones y entender que los tiempos que siguen serán muy difíciles frente al avance del profesionalismo.

Este profesionalismo viene por distintos medios desde "fuera" del ambiente del rugby.

Por esto mismo es fácilmente derrotable si los que estamos "adentro" queremos seguir disfrutando de este ambiente único que tenemos o, dicho en otras palabras, si queremos seguir manteniendo para nuestros hijos esta Escuela de Vida, que construyeron nuestros mayores y que se llama Rugby Football.

Escrito por Carlos "Veco" Villegas

* Nota: el Ingeniero Carlos "Veco" Villegas (1945-1989), jugó en Liceo Militar y fue entrenador del plantel superior de esta institución y del San Isidro Club. También fue entrenador de Los Pumas entre 1974 y 1977. Los artículos presentados por DIAS DE RUGBY fueron escritos por él durante la década del '80.

EL RUGBY DE MAYORES

Conferencia ofrecida por el "Veco" Villegas* con motivo del Primer Congreso de Rugby de Buenos Aires. Noviembre de 1987.

 "El único premio que da el rugby es el placer de jugarlo". Carlos Villegas.

El rugby argentino es un juego en constante crecimiento. Cada vez son más los clubes, los jugadores y el público que lo rodean. Este crecimiento debe ser sano, por tradición creció y se ha desarrollado a través de los clubes. Entonces, hoy, tal como cuando nació el rugby, tienen éstos la enorme responsabilidad de canalizar por el camino correcto el crecimiento natural de nuestro juego.

Para cumplir con esta responsabilidad, los clubes cuentan con diferentes medios. Pero el más eficaz de todos es su rugby superior, el de mayores. Es sin duda el que sirve de ejemplo para todo ese club, y aquí es bueno recordar aquello de que los jugadores se hacen desde abajo hacia arriba, pero que los clubes, y particularmente un tipo determinado de juego, se hace desde arriba hacia abajo. Esta es la verdadera razón por la que el rugby de mayores merece un capítulo aparte. Porque debe dar el ejemplo hacia abajo.

El rugby de mayores no tiene como objetivo principal, como muchos creen, el clasificarse en tal o cual posición, sino que la clasificación es una consecuencia. Lo importante es dar un ejemplo hacia las divisiones inferiores.

La faz práctica del rugby superior, la vamos a analizar desde tres aristas distintas: la organización; las técnicas y tácticas en general; y la actitud hacia el juego. Las tres sumadas, persiguen lo dicho anteriormente. Producir un rugby superior que sirva de ejemplo interno en cada club.

No decimos que es la única organización posible, sino que en el SIC, en estos últimos veinte años, dio un resultado excelente. Todo es importante, todo interactúa. Incluso hablamos, sin trivializar, de la calidez del bar del SIC. Esta atmósfera, lo decimos muy seriamente, complementa lo que se hace en la cancha. Muchísimos equipos se han construído hablando en el bar, muchísimas técnicas se mejoraron en el diálogo alrededor de una copa.

Esta gente tiene que trabajar por el rugby de una manera tan mancomunada, que sea de por sí un ejemplo para todos los demás participantes del club. Entre todos ellos, subcomisión de rugby, entrenadores, capitanes, médicos, empleados, debe haber una confraternidad, una amistad y una relación, poco burocrática y muy rugbística, que de por sí represente la verdadera autoridad que va a manejar el plantel superior.

El grupo va a detectar cualquier resquebrajamiento en la relación y no habrá organización, método, planes, riquezas, que compensen esa falta de autoridad natural, que se produce cuando las cosas son claras y ordenadas. Este es la primera responsabilidad de las personas que integran este esquema. Que haya armonía.

Dentro de este esquema, la figura número uno que debe contar con el apoyo incondicional de todos los demás, es el Capitán del plantel superior. Es el destinatario final de los esfuerzos de la autoridad, llamémoslo así, de esta gente que maneja al rugby.

Todos están poniendo el hombro para que en un vértice final la autoridad natural -no impuesta- del rugby, sea a través del capitán del plantel superior, porque esa persona fue elegida por los destinatarios finales del juego.

La tarea: se reunen en forma ordenada dos veces por semana, martes y jueves, que se han convertido en días tradicionales de entrenamiento de todos los clubes de rugby del mundo. Empiezan puntualmente a las 20:30. A esa hora, cambiados, corriendo en la cancha, y eso también es fruto de la experiencia. Nos ha demostrado que primero, ayuda al jugador a ordenarse en otros aspectos de su vida, más importantes incluso que el entrenamiento. Llegar a tiempo al compromiso que adquirió con sus compañeros. Nos permite cambiarnos, cenar juntos y llegar a casa a una hora razonable. El plazo suele extenderse los jueves, en que el plantel o parte del plantel alarga la sobremesa.

Las cenas de post-entrenamiento, de ninguna manera son obligatorias. Pero son muy convenientes y, cuando se logra que los jugadores lo hagan de buen grado, son muy positivas. Estar más tiempo juntos, para dar base a la relación que debe haber en un plantel superior, que es de respeto.

¿Qué hacemos?

Varía el proceso según la época del año. Pero en términos generales podemos decir que marzo-abril tiene determinada distribución la parte de prácticas, mayo-junio otras y julio-agosto-septiembre otras.

En marzo-abril la preparación física lleva 40-45 minutos los martes y 30 minutos los jueves, dejando el resto, los martes, a prácticas de los forwards, posiciones de obtención; y los jueves, a las partes de campo. Los backs, con prácticas individuales, patear, y dejando los jueves para las prácticas de unidad de tres cuartos, con y sin oposición. Los jueves, en los últimos 20 minutos, es el trabajo de campo de conjunto.

En mayo y junio se disminuye la parte física, y se incrementa la parte de rugby. A esa altura del año las prácticas de scrum adquieren una importancia mayor. En julio, agosto y septiembre la parte física pasa a ser entrada en calor, que será más o menos alargada según la temperatura y la condición en que ha quedado el plantel después del partido del fin de semana.

Normalmente, empiezan a sentirse las baquetas de un campeonato duro como el de Buenos Aires y la regulación de la actividad física es muchísimo más importante que la cantidad de entrenamiento que hagan. En una palabra, mucho criterio ahora, para no equivocarse en la dosificación del entrenamiento.

El plantel superior inicia sus prácticas el 1º de marzo, vieja costumbre de Catamarca Ocampo, que así quedó. Lo que nos pone a veces en cierta inferioridad física a comienzos de la temporada. Pero también la experiencia ha demostrado que nos hace llegar con mayor resto cuando el campeonato exige mayor tensión.

Normalmente tratamos de que la temporada no pase del 30 de octubre, incluídos los sevens y viajes al interior, aunque algunas veces, por invitaciones muy especiales, hemos hecho excepciones.

Ello nos permite tener a la gente más satisfecha con el juego, escaparle a los meses de mayor calor y, en definitiva, lograr una de las cosas que son características del SIC: jugadores que juegan muchos años.

Cuanto más práctica se haga con la pelota, mayor éxito vamos a tener con la concurrencia de jugadores. Nuestra organización debe tender a que el entrenamiento sea agradable y divertido para un hombre que viene de su trabajo. Que el jugador vea sentido a lo que hace. Disponer de mayor cantidad de pelotas y elementos, es muchísimo más importante que la cantidad de horas que uno dedique.

El espíritu del juego, más que nada, no se logra de una organización como la que hemos mostrado, sino a través de una transmisión de los más grandes, fundamentalmente por medio del ejemplo. La manera de conducirse dentro del club, durante los partidos, durante los entrenamientos, en las relaciones con los otros clubes, con las Uniones, con los equipos y las Uniones extranjeras.

Sobre la actitud hacia el juego

La más importante de todas. Esta parte es la que va a ser en definitiva ese ejemplo que reclama un club de su Rugby superior, a través de su capitán, sus jugadores y sus encargados, debe medirse integralmente dentro y fuera de la cancha.

La actitud hacia el rugby no admite localizaciones parciales. No podemos decir: “qué buen partido dentro de la cancha, pero qué flojo que es cuando el partido terminó” y viceversa, “estos tipos son bárbaros en el bar, pero en la cancha aflojan”. La actitud de ir siempre para adelante, con apoyo y continuidad durante ochenta minutos, debe ser la consecuencia natural de un equipo que así lo ha hecho en una comida del equipo, en una reunión. Actitud hacia el juego dentro y fuera de la cancha, es lo que define si un equipo merecer ser llamado de rugby, o simplemente un equipo de deporte.

El rugby es escencialmente un deporte de actitud, y justamente vamos a tratar de definir sin pretender ser completos, algunas acciones concretas que marcan una correcta actitud.

1) La actitud en entrenamiento.

Ser puntual, estar cambiado en el horario acordado y estar dispuesto a realizar una práctica que sea para mejoramiento propio y del grupo. No basta con que la práctica sea para cumplir con lo que dice el Capitán o el entrenador. Sigue con guardar un silencio natural, pero que también encuentre el momento para plantear todas las dudas.

2) La actitud en la cancha.

Debe ser básicamente la de aquel que agrande los pequeños errores del oponente y disimule los grandes errores propios. Mantener en la cancha una actitud tal que sistemáticamente nuestro equipo esté imponiendo condiciones, aun con limitaciones técnicas o tácticas. Pero las imponemos por actitud. Ir siempre para adelante, mantener una posición ordenada y sanamente agresiva, tacklear con todo como aspecto distintivo del rugby que queremos jugar. No perdonar la más mínima oportunidad de ataque y no flaquear jamás en defensa.

3) Inmediatamente después del partido.

Algo muy preocupante en el rugby actual, es que se han dejado de dar los hurras por el oponente y se limita a saludos en algunos casos, de cumplido, más que a un real agradecimiento por el partido que se jugó. Un rugby de mayores para dar ejemplo, debe inmediatamente después del silbato final superar cualquier sentimiento.

No puede haber otra cuestión más importante que el adversario por los próximos segundos. Ya habrá tiempo para el festejo si ganamos o para el análisis si perdimos. Para el desborde de alegría, o para la cara larga.

Esta es la actitud de un plantel superior que el club necesita para dar el ejemplo a los más jóvenes. Las enseñanzas de los mejores maestros del rugby juvenil morirán, sin esta actitud.

4) La reunión después del partido.

Aquí tambien se demuestra actitud. Esmerarse por atender, compartir, aprovechar la oportunidad de saber con quién se jugó. Qué hace, qué no hace, qué piensa. Esta es la oportunidad. También sin discrepancias. Como visitante, la actitud es similar.

Escrito por Carlos "Veco" Villegas

* Nota: el Ingeniero Carlos "Veco" Villegas (1945-1989), jugó en Liceo Militar y fue entrenador del plantel superior de esta institución y del San Isidro Club. También fue entrenador de Los Pumas entre 1974 y 1977. Los artículos presentados por DIAS DE RUGBY fueron escritos por él durante la década del '80. 

sábado, 4 de agosto de 2012

FILOSOFIA DEL RUGBY

Este artículo es un clásico dentro del rugby argentino y consideramos que es de total actualidad para los encargados de equipos y para todos aquellos que deseen iniciarse en esta actividad.
Escrito por Carlos "Veco" Villegas"

Carlos Villegas estableció tres principios fundamentales a partir de los cuales comenzar a construir este deporte. En tal sentido siempre sostuvo que el rugby ..."Es un medio para Divertir, Relacionar, y además, Educar"... Basado en estos tres pricipios el Veco desarrolló los lineamientos teóricos de esta exposición.

Considerando que este artículo va dirigido, fundamentalmente, a los encargados de equipos, nada mejor entonces, que comenzar ante todo por los principios históricos y filosóficos de nuestro deporte.

Según la historia escrita el juego del rugby nació, cuando William Webb Ellis, haciendo caso omiso de las reglas del Foot-Ball de entonces, tomó la pelota con, las manos y empezó a correr con ella en el Colegio de la Ciudad de Rugby, en Inglaterra. En realidad el juego nació muchísimo tiempo antes y se fue transformando de una determinada manera hasta llegar al rugby actual en que, sin temor a equivocarnos, podemos asegurar que es el juego más equilibrado, más balanceado y más perfecto que existe para el hombre.

Es así que en este juego los principios éticos, filosóficos, técnicos y tácticos están permanentemente entrelazados para configurar un deporte absolutamente único. Pretender enseñar el rugby partiendo de bases exclusivamente técnicas o tácticas puede llevar a un error fundamental y pretender enseñarlo únicamente basado en sus tradicionales principios filosóficos que conforman el espíritu del juego puede llevar también a un error, puesto que no se logra así materializar cosas que si se pueden conseguir a través del juego. Es por ello esta introducción referida á los principios fundamentales del juego; principios que nosotros, como encargados de transmitirlos a los jugadores, nunca debemos perder de vista para bien y gloria del rugby amateur. Luego como aplicación práctica de esos principios fundamentales, aparecen principios tétricos que nos ayudan justamente al desarrollo de lo que uno pretende de nuestro juego dentro y fuera de una cancha.

Nunca olvidemos que los entrenadores y colaboradores de equipos somos los que estamos en mayor contacto con los jugadores y no los dirigentes, ni los referees, o sea que nosotros somos los primeros responsables de mantener el espíritu y las tradiciones del juego.

En rugby, los encargados de los equipos no deben buscar excusas ante fallos de los referees, o por caso, decisiones de dirigentes en comisiones de disciplina.

Nosotros tenemos que asumir la responsabilidad de que el juego sea transmitido de generación en generación, como ha venido ocurriendo hasta ahora; somos los que tenemos que aceptar dejar de lado los pequeños gustos, deseos u opiniones personales en aras de la defensa del rugby de sus principios y de sus tradiciones y no temer que el desarrollo técnico del juego, el progreso táctico, la mayor preparación puedan afectar a esos principios básicos y fundamentalmente del juego si realmente han sido entendidos por nosotros y luego transmitidos correctamente a los jugadores en la cancha, en el tercer tiempo y prácticamente en todas las oportunidades que tomemos contacto con ellos, aun fuera del club.

Hay muchas formas de enfocar la parte fundamental y filosófica del juego. Hay muchas formas de enunciar los principios fundamentales y todas han sido utilizadas exitosamente a lo largo de la vida del rugby. A mí se me ocurrió condensarla en una sola frase que dice: El rugby es un medio y no un fin en sí mismo... e inmediatamente surge la pregunta: ¿un medio para qué? y también allí uno puede contestar de muchas maneras distintas, pero apuntando a tres cosas básicas:
 
1- Un medio para educar
2- Un medio para relacionar

3- Un medio para divertir

Un medio para educar: porque desgraciado aquel deporte que no deja algo trascendental en la vida de quien lo practique. Se ha dicho y con razón que un deporte vale por la educación que deja en aquel que lo practica, y el rugby lo hace, porque las características propias del juego - que son principalmente de adversidad - enseñan a quien lo practica, bien orientado a entrenar y vencer la adversidad.

No es cierto aquello de que los hombres no tenemos miedo; no es extraño tenerlo, pero lo interesante es aprender a vencerlo y el rugby justamente da la oportunidad de vencer el temor. Por que educa el rugby?

Primero por lo que acabo de decir, segundo porque en el se hace un culto del juego en equipo, entonces uno aprende a vivir en función de los demás, uno aprende a sentir mas placer en dar que en recibir, uno aprende a sacrificarse aun a riesgo de su propio físico - por el interés máximo que existe en la cancha que es el equipo.

¿Por que educa el rugby?... Porque fue el primer y casi único deporte que descubrió una verdad muy importante que dice que al Rugby (como sería cualquier otro deporte), no se puede jugar sin adversarios. Uno puede concebir el rugby sin Unión, sin dirigentes, sin entrenadores, sin periodismo, sin público y aún sin referee. En cambio, no se puede concebir el juego de rugby sin adversarios... y surge entonces como consecuencia natural de esa verdad la tradicional reunión de los equipos luego del partido que en la Argentina se llama felizmente Tercer Tiempo y es la manera de agradecerse unos a otros la oportunidad que tuvieron de disfrutar del juego dentro de la cancha. El rugby educa porque en un mundo materialista, muy difícil es desenvolverse sin tener que caer en ventajitas personales, permanentemente le está marcando al jugador que por más bueno y brillante que sea, no podrá hacer nada sin la ayuda de su equipo y le enseña, además, que en el rugby que queremos y debemos defender, vale más el hombre que el jugador.

El rugby no fomenta ni fomentó nunca jugadores que pateen bien, que pasen bien o que formen bien un scrum, sino que fomentó siempre hombres de bien que trabajen, estudien y que, como complemento de su actividad principal, traten de patear bien, traten de pasar bien y traten de entrar bien a un scrum volante. El rugby siempre se enorgulleció de tener grandes hombres y siempre destacó, junto a la condición natural del jugador de hacer las cosas bien dentro de una cancha, la actividad privada de ese jugador. Puso de ejemplo a grandes jugadores que se han destacado en la cancha y que también han producido cosas realmente importantes para su país, la sociedad, la familia, etc.

El rugby nunca quiso ser la meta final del que lo jugaba sino el medio mediante el cual el hombre, al mismo tiempo que mejoraba su físico y su mente, mejoraba espiritualmente.

El rugby vive una de sus más grandes batallas, que es la del propio juego con sus principios y tradiciones contra la presión del medio ambiente exterior a través de gente que trata de sacar ventajas comerciales de este juego; y de esta batalla, el rugby emerge como verdadero deporte amateur, emerge triunfante gracias a gente que durante muchas generaciones ha inyectado el principio de que el rugby es un medio y no un fin.

También decimos que el Rugby es un medio para relacionar y, justamente, el hecho de que no se pueda jugar al Rugby sin adversarios y que con ese adversario hay un pacto de caballeros de jugar lo más duro posible dentro de la cancha, puesto que cuanto más duro el juego mejor juego es, establece entre quienes deciden vivir esta vida apasionante del Rugby amateur una relación que no se borra fácilmente.

El rugbier se jacta que son muchísimas más las amistades y las relaciones, que los enconos que pueda provocar.

El jugador de rugby que encuentra en un adversario ocasional a un hombre duro y honesto en la cancha, luego del partido valora en ese oponente a un amigo para toda la vida y viceversa. El rugby fomenta las relaciones, amistades y uniones más fuertes. Y si no, piensen en la cantidad de gente que han conocido y que no han ido al colegio con ustedes, ni pertenecen al mismo tipo de trabajo, ni la ven tan seguido como a otros y que, sin embargo, encuentran con ellos una afinidad muy difícil de definir y que viene dada porque el otro es un rugbier como ustedes, indudablemente, un medio para relacionar, un medio para vincular gentes, pueblos y sociedades aparentemente muy distintos pero cuando encuentran el punto común que se llama juego de rugby todas esas diferencias se allanan con muchísima facilidad.

El juego de rugby es para relacionar y debemos tener presenté eso para ver al oponente justamente como un adversario y no como un enemigo. Ello no quiere decir que no fomentemos el rugby bien enseñado, que es el tratamiento muy duro y leal del oponente o del adversario en la cancha, pero también demos el ejemplo de que hemos podido disfrutar de ese partido y de esa tarde de rugby o de esa gira gracias a esos adversarios y extendamos nuestra relación más allá de la del juego mismo, a la vida de cada uno de nosotros.

Pero una de las cosas más grandes que tiene el rugby es que tiene tradición que se respetan las jerarquías y los cargos, los capitanes y los dirigentes de años y las personas con galones. El rugby, detrás de todo eso, se toma con cierta -diríamos- diversión, con cierta ligereza, sin ceño fruncido, sin solemnidad militar. En el rugby aun en los estratos más altos, siempre hay lugar para la broma, para la diversión, porque fundamentalmente, dentro y fuera de la cancha el rugby es para divertirse.

Entonces el rugby es un equilibrio perfecto y así un hombre que entra de lleno en la vida del rugby amateur se educa, mejora como individuo, se relaciona y conoce gente de distintas partes, da y recibe de otro, y al mismo tiempo, haciendo estas dos cosas muy importantes se divierte. Es un hombre que disfruta porque el rugby es juego y debe seguir siendo juego y no trabajo.

De nada vale un coach o un jugador o un dirigente que conozca mucho de técnicas, tácticas o de organización, si no está imbuido de los principios básicos que han hecho de este noble juego amateur, una base para una manera de vivir que debemos mantener para nuestros hijos.

Escrito por Carlos "Veco" Villegas
* Nota: el Ingeniero Carlos "Veco" Villegas (1945-1989), jugó en Liceo Militar y fue entrenador del plantel superior de esta institución y del San Isidro Club. También fue entrenador de Los Pumas entre 1974 y 1977. Los artículos presentados por DIAS DE RUGBY fueron escritos por él durante la década del '80.

sábado, 30 de junio de 2012

Rugby con historia y algo más...

"Todos tenemos a nuestro alcance la información suficiente como para hacernos una idea de lo que pasa en el mundo, pero se necesita una dedicación entusiasta para conseguirlo, mientras que no hace falta esforzarse mucho para estar al corriente de las noticias deportivas". Noam Chomsky
Fundada el 1º enero del 2000 por el Centro de Estudios en Historia del Rugby