sábado, 17 de agosto de 2013

El Tercer Tiempo

por el Dr. Carlos Gregotti

Como símbolo de camaradería, nuestro rugby ha institucionalizado el encuentro posterior al partido entre aquellos que, momentos antes, fueron los únicos protagonistas de la derrota, el empate o la victoria.

Alrededor de una mesa, dispuestos a olvidar todo aquello que hubiera podido resultar negativo, ambos equipos, en comunión, agradecerán la posibilidad del juego que tuvieron la suerte de disfrutar.

Se ha vuelto del "campo de batalla", la rivalidad se entibia, los jugadores sienten que han vivido una experiencia intensa, para la que se prepararon con tesón y ahínco y ahora comienzan a olvidar.

Caras prudentemente victoriosas, expresiones inteligentes en los vencidos y, en todos, la entereza de haber vivido una confrontación. Remedo de tiempos ancestrales en la vocación del hombre para sobrevivir.

Sólo para hombres. En el campo caras serias, responsables y, después, la alegría. El juego es una fiesta.

Las bebidas calientes que nos serenan. Las tazas que acercamos. Que nos ofrecen. Los vítores. Las bromas. Respondidas. Sonrisas. Réplicas. Acercamientos. Integración. Exaltación. "Canto a la alegría". Llegan las bebidas y alimentos. Ya no hay distantes. Abrazos.

Los comentarios, las comparaciones inevitables con tiempos pretéritos. La presencia de los más antiguos. La exaltación de los virtuosos. Comprensión hacia quien no pudo actuar como de él se esperaba.

Si se quisiera, toda esta bendita utopía amateur se puede borrar. Déjese de hacer el "tercer tiempo", háblese de técnicas y tácticas, benditas sean para la evolución, y el juego desaparecerá.

Nota: Publicado en "Enseñando rugby a los chicos" de Enrique Cordero Viedma. (Argentina)

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